Ayudar para abrir las fronteras

August 8th, 2008

JOHANNESBURGO, Sudáfrica.- Una sonrisa simpática y radiante se distinguía en ese rostro moreno como el café, surcado por ceños de felicidad y encanto. A un lado, las pelotas de rugby dibujaban en el aire símbolos de unión y de amistad, advertidos con fascinación y asombro por una atmósfera espesa de historia, que supo de leyendas de lucha, resistencia y también de paz. Esa fue la mejor postal que regaló el deporte: decenas de niños maravillados por conocer y aprender de esos personajes atléticos y musculosos que ocasionalmente vieron por televisión o en los periódicos. Estuvieron allí diez jugadores de los Pumas y también aparecieron Bryan Habana, Percy Montgomery, Schalk Burger, entre otras cuantas figuras de los campeones del mundo. Sucedió en Soweto, un suburbio de Johannesburgo salpicado por lágrimas de dolor e injusticia, un sitio que fue uno de los focos más vigorosos en los que se gestó la lucha contra el apartheid.

Allí pasaron ayer el día algunos jugadores argentinos (faltaron los que serán pasado mañana titulares) y el plantel completo de los Springboks. Conjuntamente, ambos equipos regaron sus conocimientos rugbísticos por un terreno que se hizo fértil al mundo ovalado tras la abolición de la política de segregación racial y gracias a la ayuda de un hombre blanco, quien por entonces era el director del liceo técnico Jabulani. En 1994, y después de mucho trabajo, el entusiasmo y la solidaridad levantaron lo que es hoy Soweto Rugby Club, un predio pequeño, con dos canchas, y en donde casi a diario disfrutan unos 600 chicos, todos negros, de los placeres de correr detrás de una pelota.

Fue una clínica de rugby sin distinciones, con niños blancos y negros, todos unidos por la riqueza del aprendizaje y de la amistad. Las figuras mundiales les enseñaron principios del rugby, una disciplina que de a poco gana popularidad en Soweto (South Western Township), un suburbio que convive al borde del hacinamiento, con más de 3.500.000 habitantes y que, según los locales, “es un país dentro de Sudáfrica”.

En el centro de la cancha principal, John Allan, un ex Springbok, dirigía los ejercicios mediante un altavoz. Cada jugador tenía a su cargo un grupo de diez chicos a los que les debía enseñar y luego exponer en público todo lo aprendido. Los pequeños que estuvieron bajo las órdenes de Esteban Lozada y el sudafricano Victor Matfield se ganaron la mayoría de los aplausos. Marcos Ayerza, pese a su excelente inglés, jamás pudo hacerse entender entre los niños, aunque la práctica le resultó agradable. “No importa, nos salieron algunas cosas mal, pero lo importante es que los chicos se divirtieron”, dijo conforme el pilar argentino.

En medio de un clima de fiesta, a un costado, observaba en silencio Hugo Porta. El tuvo mucho que ver en la organización de este acontecimiento único (fue la primera visita oficial del seleccionado de Sudáfrica a Soweto). Pero su participación no se detiene únicamente con lo de ayer. La Fundación Laureus, de la que Porta es miembro, le está dando una mano a Soweto Rugby Club con un proyecto comunitario que se desarrolla por medio de ese deporte, “enseñando los valores para la vida, dando trabajo y sembrando semillas para que aquí existan muchos más clubes”, según explicó el simpático Dali Ndebele, director del club.

“Es nuestro hogar. Crecimos tanto en los últimos años que queremos fundar más clubes alrededor de Soweto, para que todos tengamos nuestro lugar. La visita de los Pumas y la de Hugo Porta es importante y les enseña a los chicos, todos ellos de situación desfavorable, a incentivarlos a que si se esfuerzan algún día podrán llegar a ser como ellos”, comentó Ndebele.

Un vaho de dulzura y serenidad se advertía en el atardecer. Los últimos rayos caían sesgados e iluminaban a un lugar que se abrió a la vida por el camino de la paz. Vivió allí el ex presidente Nelson Mandela y reside actualmente el arzobispo Desmond Tutu, ambos ganadores del Premio Nobel. Sus presencias se percibían en el aire, en esa brisa fresca que irradiaba placer. La jornada de enseñanza de rugby rayaba el final con el sol perdido entre colinas y quebradas, con un paisaje de sonrisas eternas que dejará su huella en la memoria de Soweto.

  • Le cantaron el Feliz cumpleaños a Mandela
    Niños y jugadores, en la monumental foto del final del encuentro, agasajaron a Nelson Mandela por su 90° aniversario. Le cantaron el cumpleaños con su apodo: Madiba. Los rugbiers argentinos también participaron del cántico al ex presidente sudafricano. Por Nicolás Balinotti
    Enviado especial

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