El CASI, en el ojo de la tormenta
August 22nd, 2008
El diario Clarín dio a conocer otro incidente que involucra a un jugador de la Primera del CASI en una agresión. El denunciado es Matías Duwavran y, a continuación, replicamos la información conseguida por el periodista Juan Pablo Casas.
La noticia de Clarín:
Otra denuncia por agresión vincula noche, alcohol y rugby El último hecho se suma al ocurrido semanas atrás en un boliche de la zona Norte. Ahora, denuncian a un jugador del CASI por “lesiones leves”: habría golpeado a otro joven en una fiesta privada. Clarín recibió varias quejas más vía e-mail.
La difusión, dos semanas atrás, de la salvaje agresión a Malcolm Glass se convirtió en una especie de punta de iceberg. Sin caer en el “ahora dicen que todos los rugbiers son agresivos”, pero a través de correos electrónicos, varios casos similares -rugby, noche y alcohol- llegaron a la redacción de Clarín. Aunque pocos inician acciones legales. De todos los recibidos, sólo uno hizo la correspondiente denuncia policial. El domingo 3, en la comisaría 3ª de San Isidro, un segunda línea del Club Atlético San Isidro (CASI) fue denunciado por “lesiones leves”, supuestamente por golpear a un joven durante una fiesta privada en el exclusivo barrio de La Horqueta.
“Todo fue después de un choque accidental, típico de cuando la gente baila amuchada en un lugar, Sin previo aviso, ni insulto, empujón ni nada, este muchacho, que parece un ropero, saltó sobre mi amigo y le propinó, en menos de cinco segundos, unas 10 trompadas en la cara”, cuenta, vía email, A., quien prefiere mantener el anonimato. Su amigo, G., terminó con el rostro desfigurado, pero sin roturas ni fracturas. Casualidad o no, G. pertenece al mismo círculo de amistades de Malcolm Glass: ambos egresaron en 2002 del tradicional Saint Andrew’s Scots School. Por si fuera poco, quien agredió a G. juega en el mismo club en que lo hacen los agresores de Glass.
Fuentes policiales confirmaron que el denunciado se llama Matías Duwavran. Según la guía Olé de rugby, cumple 23 años el 7 de setiembre, pesa 98 kilos, mide 1,93 metro y juega de segunda línea. “Preferimos que Matías no hable para evitar profundizar la cuestión. Realmente, todo esto se nos está yendo de las manos. Es muy raro lo que pasa porque este grupo de jugadores nunca había tenido problemas de indisciplina”, explica un dirigente del CASI al ser consultado por este diario. Da toda la sensación de que en el club buscan barrer el problema debajo de la alfombra. Más ahora que el equipo lidera el campeonato…
Eso es lo que ofusca a la madre de G., el joven agredido: “El principal problema es la gente que integra la comisión directiva del CASI o el SIC. Ellos no castigan a los jugadores como debería ser: suspenderlos por dos o tres años, así toman conciencia de que si pegan fuera de la cancha, chau carrera deportiva”. Argumentando cuestiones legales, pero también miedo, G. ni su madre quieren exposición mediática. “San Isidro es un pueblo y tenemos miedo a algún tipo de represalia”, dicen.
El que sí se anima a hablar es José Piccardo, amigo del colegio de los dos chicos agredidos. “Los rugbiers se cuidan los viernes, pero los sábados a la noche están desbocados. Muchos ya vienen alcoholizados del tercer tiempo. El día que agredieron a Malcolm, los del CASI salieron predeterminados al reviente. Deben darse cuenta de que no pueden comportarse igual que adentro de la cancha. Tienen un físico distinto. De alguna manera hay que pararlos, porque con algunas copas de más, primero pegan y después recapacitan. Lo que pasa es que cuando se dan cuenta, el daño que hicieron ya es muy grande”, reflexiona Piccardo.
Fuente: Clarín
A Pleno Rugby
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