No condenen al rugby
August 23rd, 2008
El rugby está tristemente en boca de todos debido a que, en el último tiempo, ocurrieron varios hechos de violencia que fueron difundidos mediáticamente. Pero, ¿es justo que se lo condene con tanta severidad ? ¿Es correcto despedazar al CASI como institución? La respuesta es no.
Paremos la mano, señores. Basta de señalar a todos los jugadores de rugby como seres violentos, agresivos y despiadados. Basta de ensuciar el nombre de este deporte por episodios que son graves y criticables, pero también podrían suceder en la vida cotidiana de cualquier persona, y no exclusivamente en la de un rugbier. ¿No habrá otro tipo de intereses u odios ocultos detrás de una sentencia semejante?
Ahora, todos los cañones mediáticos y sociales le apuntan al Club Atlético de San Isidro. Lo que le sucedió a Malcom Glass fue injustificable desde cualquier punto vista, pero la realidad es que, detrás de la verdadera historia, comenzaron a nacer pequeñas mentiras que, unidas, desvirtuaron lo que realmente sucedió aquella noche en Club 7. Y semejante maraña de dichos lo único que provocó y provoca es confundir y no clarificar, destruir y no construir.
Insisto. Lo que sufrió Malcom fue terrible, atroz y condenatorio, pero no por eso es justo meter en la misma bolsa a todos los jugadores del CASI y afirmar alegremente que “son unos violentos”. O más aún, gritar a los cuatro vientos que el rugby es un deporte que incita a la violencia. ¡Por favor! ¡Seamos responsables!
No se puede negar que, últimamente, los terceros tiempos están algo desvirtuados y son todo un tema para analizar y corregir, pero la realidad es que la base de las malas o buenas acciones se maman, se aprenden, se inculcan en las entrañas de una familia y no en un club de rugby, como se quiere hacer creer.
Luego del desgraciado incidente del chico Glass, y para continuar fomentando el caldo de cultivo, salió a la luz otro episodio que involucra directamente a Matías Duwavran, segunda línea del Atlético. Según varios medios de prensa, Duwi desfiguró a trompadas a un joven, quien al igual que Malcom es un ex alumno del club San Andrés y no un jugador como se viene publicando. Pero la realidad es que la denuncia menciona “lesiones leves” y en el CASI juran y perjuran que todo estuvo armado. “Fueron directamente a provocarlo”, explicó una jugador-referente del plantel superior. ¿Verdad o mentira? La justicia deberá investigarlo a fondo y, hasta que no exista un veredicto oficial de lo sucedido, nosotros, los periodistas, los lectores, los opinólogos de turno, debemos intentar no guiarnos por las oleadas de versiones que empaparon, empapan y empaparán al tema.
Claro, esto último nunca sucede y, apenas se conoció este segundo caso, un canal de cable, con imágenes de varios partidos de rugby de fondo, puso de zócalo: “el juego de la violencia”. Yo me pregunto, ¿este juego de la violencia es el mismo que hace ocho meses hizo vibrar a miles de argentinos? La respuesta decanta por sí sola. Durante el Mundial de rugby, era redituable reflejar a los Pumas, emocionados, entonando el himno. “Son sensibles, sienten la camiseta, son caballeros”, se tituló por doquier. Pero ahora vende magnificar la versión de que el rugby es violento. ¿Tanto mutó este deporte en ocho meses? Está claro, los jugadores no son ni santos ni demonios; son personas y punto. Pero en este país tenemos la bendita costumbre de endiosar o demonizar a todo el mundo. Sin fundamentos sólidos, uno es bueno o es malo; no hay término medio.
”Lo único que falta es que tilden al CASI como un nido de secuestradores porque tuvimos entre nuestros socios a Alejandro Puccio”, le dijo a este periodista un referente del rugby argentino. Y tiene razón. No es objetivo condenar socialmente a una institución o al mismísimo deporte por actos que, supuestamente, cometen algunos de sus eslabones. Paremos la mano, señores.
Rugby Fun
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