La noche de Salta
June 12th, 2009
Cuando uno va de visita al zoológico, es muy común ver cómo se alimentan los animales. Y la noche del miércoles en Salta fue algo bastante parecido. Los Pumas comiendo y la gente, con el mentón estampado contra el vidrio del restaurant, observando cómo los dirigidos por Phelan disfrutaban de un jugoso bife de chorizo.
Las Leñitas, el establecimiento elegido para la cena y ubicado a pocas cuadras del hotel, dejó de lado la tranquilidad que lo rodea cada día para convertirse en la vedette de la noche -Mónica Farro, un poroto-. Muchísimo fans, tatuados con camisetas argentinas, obvio, prefirieron irse a la cama sin comer para poder estar ahí, estacados en la puerta del restaurant, hasta que los Pumas salieran a firmarles un autógrafo o conseguir inmortalizarlos con una foto.
Las casi dos horas y media que duró la comida, y el viento fresco que ¿acariciaba? la piel -¡un poncho a la derecha!-, no fueron impedimento para que los fanáticos esperaran, esperaran, y esperaran. Y semejante tolerancia tuvo su premio. Uno a uno, los jugadores fueron saliendo y, por supuesto, debieron complacer el requerimiento de los hinchas.
Causó gracias observar como el pilar Rodrigo Roncero se retiraba custodiado por dos agentes de seguridad que eran más chiquititos que él. Pero el bueno de Rorro, a pesar del cuidado de los dos “patovas”, frenó su marcha hacia el colectivo y, con su sonrisa marca registrada, aceptó ser capturado por los muchos flashes que, de repente y al ritmo del click, click, click, iluminaron la noche estrellada.
Pasó Rimas Alvarez, pasó Mario Ledesma, pasó Miguel Avramovic -el Ruso también había tenido el gesto de salir a la vereda mientras sus compañeros disfrutaban de la carne-, terminaron pasando todos. Hasta el analista de video, Nicolás Basdedios Molina, fue víctima de los fanáticos. “¿Me firmás?” “Pero yo no juego, maestro” “No importa, firmame igual por favor”. Y Nico puso el gancho en una improvisaba servilleta de papel. Un crack.
El colectivo encendió su motor y partió con el objetivo de trasladar a los Pumas hacia un merecido descanso luego de una jornada bastante exigente. “¿Y ahora dónde comemos? ¡Mirá la hora que es!”, preguntó uno de los fans. Pero su amigo, que estaba a su lado, no le dio mucha importancia al hambre ni al tiempo, y sólo se limitó a contestarle: “tengo a casi todos en el celular; sólo me faltaron cinco”. Para él, y para todos, la noche ya estaba hecha. El hambre y el sueño podían esperar.
scrum.com
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